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Luis Espinosa Goded: por una cultura del debate en Ecuador

Hace una semana tuve el honor de ser invitado a la Universidad Central del Ecuador a dar una conferencia, y en el paseo que me di por la universidad previo a la conferencia me sorprendió mucho la simbología que aún transmitía la universidad, un auditorio llamado “Che Guevara”, un mural dedicado a Fidel Castro, una exposición sobre “las luchas estudiantiles” en la que se justificaba la contra-violencia y elogiaba al MIR… y también un grupo como de una docena de esculturas de guerreros indígenas de distintos países de América Latina que lucharon contra los conquistadores españoles. Esto causó mi extrañeza y puse el tweet que sirve de imagen a este publicación.

Según he sabido después la inclusión de estas esculturas dentro de la universidad Central son un mero accidente urbanístico, estaban diseñadas para estar originalmente fuera, en la Plaza IndoAmericana y cada embajada de cada país Indoamericano donó una escultura con algún “héroe indígena” representativo de su país (según los criterios de las embajadas), pero luego un cambio urbanístico en la plaza las re-ubicó dentro del recinto de la universidad. Esta explicación, que no estaban diseñadas para estar dentro de la universidad y que siguieron un criterio político no académico, justifica mi extrañeza de verlas ahora dentro de la universidad.

Bueno, pues desde entonces llevo una semana siendo objeto de reiterados insultos, ataques, menciones y peticiones de que me sancionen, me expulsen del país o llamándome desde racista hasta facha (nunca puede faltar lo de “facha”) muy reiterada e insistentemente.

Por un lado pues no parece haberse entendido (o no se quiere entender) que mi cuestionamiento es a que ESOS guerreros estén dentro de la universidad, no a que los indígenas o el conocimiento indígena esté dentro de la universidad.

Yo soy muy seguidor de las teorías de Deirdre McCloskey, y creo que una sociedad obtiene aquello que valora. Y una de las formas de analizar qué se valora en una sociedad es analizando qué honra con los nombres a sus calles, o a quienes honra poniéndolos esculturas en pedestales. De hecho la crítica a las esculturas o nombres de las calles es habitual en muchos países del mundo (significativamente en Madrid estos días, por ejemplo); y especialmente dentro de la universidad (muchas universidades norteamericanas se cuestionan si es correcto tener esculturas o nombres de edificios de esclavistas en sus campus, por ejemplo).

[A este respecto quiero aclarar que yo no soy partidario de retirar esas estatuas o cambiar esos nombres, no creo que haya que “re-escribir la historia” así, pero sí creo que este debate es pertinente, oportuno y enriquecedor tenerlo, cuanto menos porque muchos aprendemos quienes son muchos de los nombres de muchas calles o de monumentos].

Pero lo que más me ha sorprendido es que en todos estas críticas (o más bien insultos) que se me han dirigido se ha visto reflejado aún en el 2017 el “mito del buen salvaje” por el cual parece que latinoamérica era una especie de arcadia feliz, con unos indígenas sabios y buenos, amantes de la naturaleza con la que vivían en armonía hasta que llegaron unos brutales conquistadores asesinos saqueadores y crueles que rompieron esa evolución. Más aún me ha sorprendido que muchos de los que me respondían hablaban de “nos vinieron a robar” o “nos conquistaron” o “nos robaron” identificándose tan solo con los indígenas de América Latina pero obviando el hecho de que ellos mismos (como todos en América Latina) son mestizos, por tanto también son descendientes de los conquistadores a quienes denigran e insultan. Amén de ser evidentemente falso me parece bastante lamentable la verdad, pues muestra un auto-odio hacia, al menos, la mitad de su ascendencia y cultura que debe ser duro de sobrellevar para quienes lo padezcan. Además de que hablaban de “nuestra identidad” o “nuestra cultura” refiriéndose a todos esos guerreros, como si fuesen la misma identidad cultural la de El Salvador que la de Ecuador, por poner dos, pero los indios cañaris (aliados de los españoles) o los conquistadores no parecen conformar esa identidad que se hace solo por oposición a su propia mitad.

Por otro lado me sorprende lo míticos y a-históricos que son los conocimientos que demuestran de lo que eran las culturas primigenias de América Latina. Muchos parecen ignorar que los incas tenían minas explotadas en régimen de semi-esclavitud (la existencia de minas y de la esclavitud refutan el mito romántico de “proto-ecologistas” y “proto-pacifistas”), y que los incas tenían esclavos en abundancia, amén de que el Imperio Inca ha sido uno de los más opresores y crueles de la historia de la humanidad.

Que nadie se equivoque, no digo que las crueldades de los incas justifiquen las cometidas por los españoles, pero sí digo que no podemos obviar la historia para construir un relato mítico politizado y usado en la actualidad con fines divisorios e identitarios.

De hecho es bastante sorprendente pues muchos parecen desconocer que el Imperio Inca conquistó lo que hoy es Ecuador tan sólo 70 años de que llegasen los españoles, y que fue una conquista cruel. Que es lo que en realidad explica por qué unos pocos cientos de españoles pudieron derrotar un imperio con decenas de miles de soldados, y es que en realidad las guerras entre el Imperio Inca y los españoles fueron guerras de sublevación de las tribus sometidas por los incas catalizadas por la aparición de unos pocos cientos de españoles. Amen de que los españoles se beneficiaron de la división que aún había en el Imperio Inca entre los partidarios de un hermano Huascar -los incas del sur, de Cusco- y los partidarios de su hermano Atahualpa -los del norte, lo que hoy es Quito-. De hecho en la batalla contra Rumiñahui lucharon unos 11.000 indios cañaris (originarios de la actual región de Cañar al sur de Ecuador, quienes fueron uno de los aliados más importantes de los españoles) junto a unos 200 soldados españoles contra unos 12.000 incas. Aunque los números no puedan ser muy fiables por las crónicas fíjense en las proporciones: 23.000 indígenas en la batalla frente a 200 españoles, un 0,8% de los participantes.

Un dato que parecen desconocer casi todos es que de hecho murieron más españoles en las guerras civiles españolas entre los partidarios de Pizarro -y familiares- contra los partidarios de Almagro -y familiares- (Almagro y Pizarro fueron los socios en la empresa de la conquista) que sucedieron a la conquista del imperio inca que en toda la conquista del imperio inca. Creo que esto re-dimensiona el relato de la guerra entre españoles e indígenas como algo mucho más complejo -y por tanto interesante- con muchos más bandos e intereses.

Por otro lado gran parte de la discusión se ha basado en cuál era el nivel de conocimiento de las culturas indígenas en general y de los guerreros representados en esas esculturas en particular. Que yo haya dicho que eran “analfabetos” parece haber ofendido a muchos, cuando es una mera aplicación de la definición de “analfabeto”, no sabían leer ni escribir, pues en esas culturas no había escritura. Tenían los “quipus” que eran un sistema contable (y de hecho esto es especialmente interesante pues las primeras escrituras en la historia también parecen haber sido apuntes contables, lo que dota a la contabilidad de una sorprendente importancia e interés -especialmente para los sufridos estudiantes de contabilidad ahora-), y que según algunos investigadores podrían haber sido un sistema de proto-escritura, pero eso es algo que 20 años después ni se ha demostrado ni se ha descifrado relato alguno.

No niego, ni muchísimo menos, que las culturas pre-hispánicas tuvieran conocimientos muy valiosos, por ejemplo en astronomía, agricultura o construcción. Pero no podemos ni sobrevalorar estos conocimientos (de los que debido a la ausencia de escritura propiamente dicha nos ha llegado muy poco); ni menospreciar el avance en civilización y conocimientos que supuso la unión de los dos mundos. Así como supuso un importante impulso para España y para Europa el descubrimiento de América (casi toda la gastronomía europea se sigue basando en sus productos, no en los previos al siglo XVI, como es patata, maiz, tomate…); también supuso un importante impulso para el conocimiento en América la llegada de los españoles.

Lo que sí niego es que los guerreros representados en esas esculturas que -por mero accidente urbanístico- están ahora en la Universidad Central se les conozca contribución alguna al conocimiento. Se podría homenajear a los sacerdotes incas (quienes conservaban el avanzado conocimiento astrológico); a los “amautas” (los educadores incas) o a los chamanes de las tribus pre-incaicas (quienes conservaban el amplio saber botánico); pero homenajear a los guerreros no creo que represente los mejores valores que se debería querer inculcar en la universidad a las siguientes generaciones.

Muchos amigos me pregunta por qué sigo insistiendo en hablar de estas esculturas, o por qué he respondido a tantos de quienes me han cuestionado. Bueno, pues porque creo que los símbolos son los que construyen los mitos, y sobre los mitos son sobre los que se construyen las realidades actuales. Y sobre mitos fundacionales frentistas, erróneos y vengadores es imposible construir un futuro póspero o feliz.

(Básicamente son los mismos mitos acristalados en “La Biblia del idiota” que es como llamaron Montaner, Vargas Llosa y Apuleyo a “Las venas abiertas de América Latina” en el “Manual del perfecto idiota latinoamericano” allá por 1996).

La verdad me he cansado bastante tras toda esta semana de ser insultado, tachado de racista, “eurocéntrico”, de cuestionamientos a mi capacidad de ser profesor y de peticiones de expulsión de Ecuador.

Quiero hacer esta aclaración para dejar en claro mi postura más allá de malas interpretaciones en 140 caracteres; y quiero lamentar que tantos hayan llevado un debate que puede ser muy enriquecedor y que es común y habitual en el resto del mundo: el cuestionamiento sobre a quien homenajeamos o a quien ponemos en pedestales, a un plano personal y de insulto que ha sido tan desgastante y tan disgustante para mí. Por eso insisto y seguiré trabajando en ello: #PorUnaCulturaDelDebateEnEcuador.

Fuente: tomado de la cuenta en Facebook de Luis Espinosa Goden

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Esta entrada fue publicada el 18 junio, 2017 por en Sin categoría.

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